jueves, 20 de marzo de 2014

INTELIGENCIA EMOCIONAL

¿Por qué algunas personas parecen dotadas de un don especial que les permite vivir bien, aunque no sean las que más destaquen por su inteligencia? ¿Por qué no siempre el alumno más inteligente termina siendo el más exitoso? ¿Por qué unos son más capaces que otros para enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo una óptica distinta? La respuesta está en las emociones, y en la capacidad para entenderlas y manejarlas: La inteligencia emocional. Como dice Juan Paul Sastre: “Las emociones son el origen de “transformaciones mágicas del mundo.”

La inteligencia emocional se define como el talento para entender nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, controlar nuestros impulsos, razonar, permanecer tranquilos y optimistas cuando nos vemos ante dificultades y permanecer a la escucha del otro. Todas estas habilidades son cruciales para desenvolverse en la sociedad actual, con el objetivo de obtener mejores resultados. Tiene la finalidad de perseguir la paz interior y la felicidad, ya que lo único que determina nuestra felicidad son las emociones. Es decir, si nuestras emociones están genial, nuestra vida irá genial.

En 1990 los psicólogos americanos Peter Salovey y John Mayer fueron los primeros en introducir el término de inteligencia emocional en sus escritos. Sin embargo, fue gracias a Daniel Goleman, en 1995, cuando se difundió rápidamente este concepto con su libro “Inteligencia Emocional”. Más tarde, en 1998 escribió otro titulado “La inteligencia Emocional de la Empresa”.

La inteligencia emocional está situada físicamente en el tronco encefálico, el cual se encarga de regular las funciones vitales básicas, como la nutrición, la reproducción... El ser humano tiene un centro emocional conocido como neocórtex, cuyo desarrollo es incluso anterior a lo que conocemos como cerebro racional. La amígdala cerebral y el hipocampo también son necesarias en todos los procesos relacionados con la inteligencia emocional. La amígdala, por ejemplo, segrega noradrenalina que produce la estimulación los sentidos.


 
El desarrollo de la inteligencia emocional implica cinco habilidades principales:

1. El autoconocimiento: consiste en conocer los propios estados internos, preferencias, recursos e intuiciones.
2. La autorregulación: consiste en manejar los propios estados internos, impulsos y recursos.
3. La motivación: son las tendencias emocionales que guían o facilitan la obtención de las metas.
4. La empatía: se trata de captar los sentimientos, necesidades e intereses. Por ejemplo: comprender y ayudar a los demás.
5. Las habilidades sociales: es la capacidad para inducir en los otros las respuestas deseadas.

 

Ser emocionalmente inteligente nos ayuda y beneficia en diferentes ámbitos como los estudios, el trabajo, o las relaciones familiares y en pareja. Las personas con mayor tasa en inteligencia emocional son capaces de conocerse bien a sí mismos; pensar antes de actuar, entendiendo sus impulsos; tener empatía para poder entender, respetar y manejar las emociones de los demás; saber elegir bien las emociones en cada momento, para que nuestro comportamiento sea óptimo; manejar, conocer y controlar bien las emociones negativas; vivir una vida con alto grado de motivación y optimismo; y ser feliz. Así mismo, la inteligencia emocional sirve para entender las emociones de los demás y saber cómo tratar a la gente que nos rodea de forma que estén a gusto a nuestro lado, sin provocar emociones desagradables en ellos. Como dijo el filósofo Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno. Con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.”


Lydia Romero

No hay comentarios:

Publicar un comentario