sábado, 30 de mayo de 2015

El movimiento del "populacho"


El pasado domingo 24 de mayo junto con Diario de Navarra se repartía un número de la revista “XLSemanal” donde se podía leer un artículo de Carlos Herrera bajo el título “Hoy, precisamente, contra el populismo”.

Se trata de una crítica dirigida a los nuevos partidos políticos aparecidos en España como consecuencia del descontento social, así como a los nacionalismos. Está claro que sólo se salvan de sus críticas los dos grandes partidos nacionales: el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español. Un artículo de opinión, lícito y respetable en un país democrático y de respeto a la pluralidad ideológica, si no fuese por los descalificativos vertidos, las insinuaciones calumniosas y las deplorables comparaciones.

En ningún momento, el autor habla de nuevas corrientes ideológicas o términos parecidos. Utiliza el vocablo “populismo” y con una dialéctica propia de los cuentos medievales expresa que “siempre que ha sucedido una crisis severa, el populismo se presenta como el único redentor posible de los humildes y como el gran enemigo de los poderosos…” además de opinar que se trata de un “fenómeno posiblemente pasajero”. Tendríamos que preguntar a Carlos Herrera cuándo se ha vivido en la Europa de la posguerra una corriente similar. Tal vez deberíamos buscar si en algún momento de la historia reciente del viejo continente se ha vivido un retroceso semejante de las condiciones de vida de la ciudadanía. ¿De toda la ciudadanía? Pues no, en España contemplamos impotentes los despilfarros de algunos elegidos, muchos de ellos pertenecientes a la clase política, mientras que las listas de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, aumenta día a día.

Por si esto no funciona, en su intención de manipular el voto del lector, el autor pasa a los argumentos del miedo, señalando que estos partidos, si llegan al poder, modificarán las reglas del juego democrático para perpetuarse en él, que pretenden eliminar la oposición “mediante un hábil manejo del odio” y favorecer a “estómagos agradecidos”. Y como no, compara ese apocalíptico futuro con Hitler y Mussolini. Pero… ¿no se olvida de alguien? ¿Por qué no incluye también a Franco? Está claro que la derecha española no puede disimular que son hijos de la dictadura franquista y hoy por hoy el régimen autoritario que tenemos más cerca es el que sufrió España con Franco cuyos símbolos se preocupan de mantener en pie la derecha de este país, ignorando el sufrimiento, dolor y muertes que provocó.

Lejos de quedarse satisfecho, Carlos Herrera se viene arriba llegando a la descalificación y al insulto directo: “profesores salvapatrias que han convertido la Facultad de Políticas de la Complutense de Madrid en una inoperante comuna de inútiles”. Una vez más, el ilustrado se considera más inteligente que el resto, aunque sean titulados universitarios. ¿Ha olvidado el autor el papel relevante que históricamente han tenido las universidades y sus estudiantes para acabar con las dictaduras fascistas?

Y para terminar, el colmo de la desfachatez. En una sociedad indignada por los casos de corrupción que están salpicando a los dos partidos tradicionales, con tesoreros en la cárcel, cajas B, etc. Carlos Herrera se permite el lujo de hablar de “los turbios mecanismos de financiación” de estos nuevos partidos.


Está claro que Carlos Herrera no ha sido desahuciado, que no ha tenido que sufrir las listas de espera de la sanidad pública porque para eso están los seguros privados, que nunca le ha faltado lo que llevarse a la boca, es más, probablemente disfrutará de los mismos lujos y excesos que ciertos banqueros que impunemente han utilizado el dinero de todos. Por todo ello, no ve la aparición de esta corriente sino como un movimiento populista aunque tal vez le habría gustado más calificarlo como un movimiento del “populacho”.



Ainara López Garralda, 1º H

viernes, 29 de mayo de 2015

jueves, 28 de mayo de 2015



EL INSOMNIO



                                                                                                                                       ASIER ROS  1.J

                                                                       

domingo, 24 de mayo de 2015

El nuevo sistema educativo universitario



            Todos los días, veo al bajar por las escaleras de mi instituto un cartel en el que se manifiesta la disconformidad sobre un nuevo sistema educativo universitario. En él se resume la reforma en un simple cálculo (3+2) tachado. Tras apreciar el cartel, busqué información sobre ese tema:

El gobierno aprobó en enero un real decreto de reforma del sistema educativo universitario. Con esta nueva reforma “según el gobierno” se flexibilizará la oferta académica y se facilitará la movilidad entre universidades españolas y extranjeras.                
El periódico “La Razón” trató este tema en un artículo el 16 de marzo de 2015, titulado “Quince carreras de tres años a partir de septiembre”. En el que se destacaban todo tipo de ventajas y ningún inconveniente. Bajo mi punto de vista, esta reforma educativa es un procedimiento legal para convertir la educación universitaria en un lujo que solo se puedan permitir unos pocos.
En el año 2010 se implantó el plan Bolonia, en el que se trataba de igualar todos los estudios universitarios europeos. Con dicho plan, los títulos estaban formados (con alguna excepción) por un grado (Que constaba de 4 años y 240 créditos) y 1 año de máster opcional (Que a su vez estaba formado por 60 créditos). Esto supuso que la duración de la mayoría de las carreras tanto las que antes eran de 5 como las de 3 años, pasaban a ser de 4. Tras acabar el grado se podía optar al máster pero era totalmente opcional y no necesario para obtener el título.  

Y ahora cuando casi acaban de salir de la universidad los primeros estudiantes del plan Bolonia, se quiere implantar uno nuevo, en el que las universidades puedan ofertar estudios universitarios de 3 años más un master de 1 o 2 años. La nueva fórmula más conocida como 3+2.

En el artículo se menciona, “Algunos centros han aprovechado la coyuntura para sacar nuevas carreras y otros apuestan por reestructurar grados de cuatro años que pueden impartirse en tres”. No se entiende como de repente, los contenidos de las carreras se pueden reducir de 4 a 3 años. La Universidad Camilo José Cela dice por ejemplo, “para el curso 2015-2016 se podrán estudiar en sólo tres años seis titulaciones: Grado en Comunicación, en Global Studies, en Protocolo y Organización de Eventos, en Diseño del Paisaje, en Economía y Negocios Internacionales y en Criminología y Seguridad, todos ellos de 180 créditos ECTS”. ¿Eso qué significa? O que los estudiantes saldrán menos preparados porque habrán reducido su temario, y por lo tanto su formación, o  que tendrán que pagarse el resto de formación que no reciben y que a partir de ahora se llamará “máster “. Además, esto plantea una importante cuestión. ¿Valdrá lo mismo una carrera con o sin un master posterior?

Mientras haya estudiantes que hayan podido hacer un master, estarán en mejores condiciones (Puesto que habrán obtenido mayores aprendizajes) frente a los que los que no lo hayan hecho y por lo tanto a la hora de encontrar un trabajo tendrán más posibilidades.

El artículo también dice que “El grado de tres años está reconocido en Europa y sirve para acceder al mercado laboral, ya que el 90% de los alumnos no tiene por qué hacer un máster”. Esto querrá decir que no será obligatorio, pero si lo haces, tu título seguramente será más valorado. Por lo tanto, pese a que no sea obligatorio, para por lo menos competir académicamente en un futuro, los estudiantes deberán realizar ese master de dos años.

En dicho artículo, se menciona que “El ministerio de educación calcula que el 70% de las carreras que se imparten en la actualidad podrían impartirse en solo tres años. El sistema fomenta la competencia entre universidades y ahorra dinero a las familias”. No creo que el objetivo de esta nueva ley sea precisamente el de ahorrar dinero a las familias sino todo lo contrario. Parece que el gobierno quiera acortar el tiempo en que los estudiantes universitarios puedan recibir una enseñanza universitaria gratuita. Además de fomentar la competencia entre universidades como si la enseñanza fuera un negocio más. El gobierno deber garantizar la enseñanza pública gratuita de calidad y con este nuevo decreto lo que va a conseguir es todo lo contrario.

Por otra parte, será una elección libre de las universidades el de implantar este nuevo sistema por lo que no estaremos todos en igual de condiciones, puesto que  dependerá de la universidad en la que nos toque o en la que podamos estudiar. Porque lo de la movilidad entre universidades es muy interesante sobre el papel, pero en la realidad si las familias no reciben ayudas, no todo el mundo lo va a poder realizar y a raíz de ello, se creará una desigualdad.

Los profesores universitarios también se verán afectados. Esta nueva reforma hace peligrar sus puestos de trabajo puesto que sino todo el mundo puede realizar un máster, se reducirá el número de puestos de profesores para impartir clases. Aunque el artículo dice, “La reducción en un año de la carrera universitaria no tiene por qué suponer el despido del profesorado, como ya aducen algunos sindicatos. Educación cree que los docentes están preparados para impartir másteres.”, está claro que si se reducen los estudios se tendrá que reducir el profesorado. Porque al no ser obligatoria la realización de un master, muchos alumnos que no podrían permitírselo optarían por no hacerlo.

Todas estas cuestiones no quedan claras. Supongo se irá viendo a medida que se vaya implantando este nuevo sistema pero lo que si creo, es que con esta nueva reforma,  por una parte se disminuye la calidad de la enseñanza universitaria y por otra, creará desigualdades sociales porque significará un  sacrificio económico que muchas familias no podrán asumir.

Jokin Lecumberri Fernández,   1º I